
Tevez hizo tres. Messi otros tres. La tentación de sumar los goles es irresistible. O, mejor, multiplicarlos. La cuenta da 9, el número del centrodelantero por excelencia. Aunque Carlitos en el City use la 32 y Leo en el Barsa la 10, ambos juegan de nueve. Ninguno de los dos llena el formulario del atacante-referencia, ese que se faja con los centrales, ejerce de pivote y vive de espalda al arco rival. La versión tanque/torre ha dejado de ser la única disponible para el puesto. Existe el "nueve-camuflado". Aun con diferencias de estilo, Tevez y Messi ejecutan magistralmente esta especialidad.
Interpretan muy bien el concepto de que "llegar es mejor que estar". Se hacen los distraídos detrás del volante central pero no se pegan al zaguero. Caminan por esa zona entre las dos líneas rivales y fingen desinterés. El adversario se olvida de ellos. El medio no retrocede, la defensa no achica, los jugadores miran la pelota. Y en ese momento, te lastiman. En la etapa de madurez, han incorporado el engaño y la sorpresa en sus movimientos sin pelota. Esa capacidad para aparecer donde el contrario no los espera los ha enriquecido. Están en el mejor momento de sus carreras.
En un equipo sin funcionamiento, Carlitos ha marcado 20 goles, 18 en la Premier League. En el mejor equipo de la historia, Leo ha llegado a 40 por todas las competiciones de la temporada. La Argentina se ilusiona con las imágenes y los números que vienen desde Europa cada fin de semana. Pero el fútbol no es aritmética. Partamos de una certeza: Tevez y Messi pueden jugar juntos, claro que sí. El 9 de octubre de 2005, José Pekerman los reunió por primera vez. Ante Perú por las eliminatorias para Alemania, compartieron la cancha durante media hora. En marzo de 2006, en un amistoso ante Croacia, integraron desde el arranque una ambiciosa fórmula atacante con Crespo y Riquelme. Marcaron un gol cada uno en la derrota 2-3. Con Román de enganche y Hernán de centrodelantero, fueron extremos de perfiles invertidos: el zurdo Messi por la derecha y el diestro Tevez sobre la izquierda. Empezaron el Mundial como suplentes. Saviola les ganó el puesto como compañero de Crespo. Ingresaron y festejaron en el 6-0 ante Serbia (y Montenegro). Titulares ante Holanda con Cruz de nueve, entraron contra México en octavos. El quiebre se produjo ante el local en cuartos. Por decisión de José, Carlitos le quitó el lugar a Saviola y Leo nunca salió del banco.
Messi fue titular indiscutido para Coco Basile. En cambio Tevez comenzó la Copa América 2007 como tercer nueve, detrás de Crespo y Milito. Pero, como siempre en su carrera, convenció al entrenador y terminó entre los once. Con Riquelme detrás, compartieron el ataque en la final ante Brasil (0-3) y en los primeros partidos del camino a Sudáfrica. Dos expulsiones (Colombia y Paraguay) sacaron a Carlitos del equipo. Confundía garra con nervios, pegaba patadas y pensaba más en correr que en jugar. Su sobrevalorado partido ante Alemania en Berlín, donde no hizo más que perseguir al lateral Friedrich, lo corrió hacia una versión tan demagógica como improductiva. En el primer 4-4-2 de Maradona ante Escocia, acompañó a Lavezzi. Pero ante Francia fue suplente de Messi-Agüero. Ingresó por Kun y le dio el pase gol a Leo para el 2 a 0. También lo habilitó en el primer gol del 4 a 0 ante Venezuela por eliminatorias, donde hubo tridente con Agüero. Diego los utilizó como su pareja de delanteros hasta el 1-3 con Brasil. Luego confió en Higuaín y salió Tevez. Un mes antes del debut mundialista, el DT anunció la formación del equipo en un reportaje con Fernando Niembro. No estaba Carlitos, quien le reprochó públicamente la noticia y, sobre todo, el apuro. Pero, una vez más, se ganó el puesto a partir de su indestructible confianza en sí mismo. Ejerció de puntero derecho durante el primer tiempo ante Nigeria en la misma línea de Messi y Di María, con Higuaín de nueve y Mascherano-Verón en el eje. La prueba duró 45 minutos. Jugó el resto del torneo como punta, al lado de Pipita. Mostró lo mejor ante México con doblete en el 3-1. Pero fue reemplazado por Verón a los 69' y en la conferencia de prensa estalló: "Me sacó como si fuera el único culpable de que no manejáramos la pelota". La frase incluía un mensaje para el insustituido Messi.
En el 4-3-1-2 sudafricano, Leo terminó a cincuenta metros del arco rival sin influencia en el juego. Batista los juntó ante España y Japón, siempre con una referencia por delante (Higuaín y Milito respectivamente). Tevez fue dado de baja por lesión para el amistoso ante Brasil. Cuatro días más tarde, le marcó dos goles a Fulham. Sólo el DT y Grondona saben si hoy le facturan con IVA incluido aquella ausencia. En el segundo tiempo del clásico qatarí, Checho puso a Messi de centrodelantero por primera vez en el seleccionado, con Lavezzi y Di María como extremos. El mejor del mundo definió el duelo con un golazo, desde esa zona de la cancha que domina como nadie. La jugada incluyó un taco de Lavezzi, de gran temporada en Napoli y excelente complemento para esta idea.
Mirando con el espejito retrovisor, surge otra certeza: cuesta encontrar buenos rendimientos de Messi y Tevez en el mismo partido. El 4 a 1 ante España no alcanza para revertir la afirmación. Coincidieron 23 veces en la formación titular. Cuando uno brilló, el otro miró. Ni Tevez hace mejor a Messi, ni Messi hace mejor a Tevez. Carlitos es el nueve del City en el 4-2-3-1 modelo Mancini armado a golpe de chequera. El español Silva (su socio) el marfileño Yaya Touré y el serbio Kolarov lo acompañaron en el 3 a 0 ante West Bromwich Albion. Festejó su 27º cumpleaños con su triplete. Su tremenda performance le robó todos los minutos a Adebayor, prestado a Real Madrid. El club contrató a Dzeko por una fortuna pero el bosnio no encontrará su lugar en el centro del ataque. Es el capo del equipo. Los mejores momentos de su carrera (Boca 2003, Selección 2004, Corinthians 2005, Manchester City 10-11) tienen una demoledora coincidencia: su posición en la cancha. En los cuatro equipos jugó de "nueve", sin futbolistas por delante.
Desde principios de 2010, cuando empezó a jugar de "nueve" por decisión de Guardiola, Messi es Maradona todos los días en Barcelona. Cada fin de semana rompe un récord. Si bien ambos se involucran en la elaboración y acreditan muchos pases gol en sus cuentas (Leo lidera esa tabla en España), viven del gol. La están rompiendo en sus respectivos clubes haciendo prácticamente lo mismo, cada uno a su manera.
Mirando a través del parabrisas, Batista ha elegido al mejor del mundo. Quiere rodearlo con futbolistas que lo potencien y a los que él pueda potenciar como Pastore, Lavezzi y Di María. Crear las condiciones para que el equipo se aproxime lo más posible a Barcelona. Lo considera la pieza más importante de su rompecabezas pero no un salvador. Tiene sentido su ensayo, más con Higuaín lesionado. No es una decisión definitiva. Se trata de un amistoso con un par de entrenamientos.
Veremos qué pasa en la Copa América. Acoplarlos representa un desafío tan difícil como fascinante para el DT. Uno es diestro, Nike, extrovertido y carismático, tapa de Paparazzi. El otro es zurdo, Adidas, introvertido y tímido, tapa de France Football. Uno es el jugador del pueblo, el otro el de la "gente". Uno dice cosas sin filtro, el otro habla con cassette. Si me disculpan el delirio, uno sería un peronista apasionado, el otro un ejecutivo apolítico. Carlos Tevez y Lionel Messi son dos cracks argentinos que provocan orgullo nacional y popular. El sábado, cada uno se llevó la pelota a su casa. Pero a este deporte no se puede jugar con dos balones. En el fútbol, tres más tres no siempre da seis.
Juan Pablo Varsky para La Nación.
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